Mamá, simplemente disfruta el viaje

Algunos días me voy a la cama con la sensación de que pude dar un poquito más de mí. Entre las tareas de casa y mil pendientes, suelo correr, pero hay momentos en el día que me detengo y pienso: “Pudimos quedarnos más tiempo en el parque”, “Quizá debí darle ese dulce extra que pidió y que la hizo llorar tanto cuando se lo negué”, “Debí invertir más tiempo en insistir que comiera”, “Tal vez fui muy dura”. Cada frase ha pasado por mi mente cuando estoy en la oscuridad y el silencio de la media noche, me quedo dormida y a los pocos días vuelve ese mismo sentimiento, al que últimamente le huyo y hago el esfuerzo por esconderme de él.

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¿Por qué nos exigimos tanto? ¿Por qué no simplemente disfrutamos el viaje? Pareciera que queremos satisfacer nuestro propio deseo de ser la madre perfecta, la que siempre sonríe, la que no falla, sin darnos cuenta que a ellos les basta tu propia esencia y no piden más.
 
A tu hijo le gustas despeinada, con esos rollitos de más, en pijama y sin maquillaje. Les gusta tu sonrisa, tu olor, tus abrazos y besos. Disfrutan de nuestra presencia, lo sé porque cuando llego por mi hija al colegio, viene caminado con ese uniforme diminuto, despeinada y llena de pintura, nos vemos a los ojos y la alegría de verme la noto en su expresión; su mirada se enciende y deja ver una sonrisa única. Sé que para ella soy perfecta y que su amor es incondicional. Recién nació fui su mundo y ahora que lo está descubriendo soy su compañera, soy quién la lleva de la mano y aprende de nuevo, la que se maravilla al ver una mariposa aunque haya visto mil, soy la que nunca soltará su mano y ella lo sabe, no necesita una madre perfecta, ni una que se exija tanto. Necesita de mi, tal como soy.
 
Nuestros hijos no necesitan que la comida quede perfecta o que los pisos de la casa brillen, tampoco necesitan que tengas un horario fríamente calculado para permanecer entretenidos; a ellos les gusta fluir con nosotras, les gusta que improvises, que cuando estás viendo la tele los sorprendas con una dotación de cosquillas y reír juntos. Les gusta sentir nuestro calor en la noche y aunque estén en su cama llegarán buscándote a ti.
 
Para ellos la perfección radica en un día de juegos en el piso, en hornear unas galletas que quizá no coman porque la receta no salió como planeaban, en dormir profundamente entre tus brazos, en sentirte cerca. Si afinas tus sentidos notarás que tu hijo disfruta de las cosas simples de la vida. Habrá días que tengas que decidir entre un dulce más o la caries y aunque el corazón se apachurra tendrás que decir que no, ellos son tan transparentes que a las pocas horas perdonarán tremenda disputa por el dulce y correrán a tus brazos.

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Date permiso de fluir, de sentir, de disfrutar. No necesitas ser perfecta, simplemente sé tú, esa es la versión que más les gusta a ellos. Que su infancia no se vaya en esfuerzos vanos en la búsqueda de la perfección, opta por verla pasar entre risas, canciones y juegos.
 
Esta es mi meta, quiero desprenderme de mi perfeccionismo y entregarme al maravilloso goce de ser madre.

 ¿Te animas? 

Author: Paola

Soy Paola Acuña, escribir acerca de mi maternidad se ha convertido en mi pasión. Me permite acercarme a otras madres y acompañarnos en este hermoso camino que sí bien no es fácil ha sido único. Soy madre de Alondra que actualmente tiene 21 meses de edad, ella ha logrado una transformación increíble en mi vida, ser su mamá es un privilegio pues de ella he aprendido mucho. Hemos crecido, llorado, jugado y aprendido juntas.

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