Ahorrar el psicólogo a mi hija

La mayoría de las carencias o problemas emocionales en la edad adulta, las arrastramos desde la infancia. Hace poco en un muro de psicología vi un post que invitaba a los seguidores a responder un pregunta y desempolvar recuerdos; ¿Qué perdonarías a tus padres ahora, para sanar heridas? Me detuve a leer, llamó mi atención pues las respuestas eran crudas, fuertes y muy reveladoras; golpes, gritos, abandono, indiferencia, comparaciones, falta de apoyo y malos tratos en general. Algunas respuestas invitaban al análisis argumentando que mucho de lo anterior se puede prevenir en la primera infancia, no puedo estar más de acuerdo. 

Lo anterior me hizo confirmar que muchas de las decisiones que tomamos en nuestra maternidad son vitales. No se trata de ser perfectas pero creo que quizá sí podemos ahorrar a nuestros hijos unas cuantas citas al psicólogo o contestar ese tipo de preguntas en un muro de redes sociales y digo quizá porque parte de su inteligencia emocional la construirán ellos a partir de sus experiencias de vida y de las decisiones que tomen siendo adultos. Pero de nuestra parte como madres, podemos ocuparnos ahora. Somos parte fundamental y/o primordial de su desarrollo emocional. 

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Cuando una madre se entera de que espera a un hijo, a la par de este pequeño crece un amor profundo dentro de ella, el instinto florece y cuando al fin llega a sus brazos desde el primer minuto sabe que lo ama. El amor de padres es infinito, no importa cómo o quién sea tu hijo, siempre lo vas amar, lo perdonarás y apoyarás en momentos buenos o malos porque es tu hijo y lo amaste desde el primer día. Pero, ¿nuestros hijos están obligados a amarnos? Socialmente sí, un hijo que no corresponde el amor de sus padres se convierte en mal agradecido, por lo que nadie se atrevería a decir que no ama a sus padres.

Creo que la relación con ellos sí debe construirse, ellos ganan nuestro amor por default pero como padres sí debemos hacernos merecedores de este. La relación que tengamos con nuestros hijos va a depender mucho de lo que demos a ellos en sus primeros años.

En ese mismo muro de psicología había una respuesta que hizo que mis ojos saltarán, decía algo como; “tiene años que no visito a mi madre, ella está en un casa de retiro y cuando pienso los golpes que me daba prefiero no visitarla” Yo dudo mucho que esa persona sea un mal hijo, lo que leí y sin conocer a fondo refleja una relación bastante fracturada y es que ser madre va más allá de preparar la comida, lavar la ropa o cambiar pañales, el amor de los hijos se gana con respeto, empatía y buenos tratos.

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Lo que das a tus hijos lo convertirán en un adulto emocionalmente estable o inestable, si durante un berrinche pierdes el control, heredas tu neurosis, si durante un mal comportamiento, golpeas, heredas violencia, si minimizas sus sentimientos con un “no llores no es para tanto” tendrás como resultado un hijo poco empático. Será una serie de conductas aprendidas y repetidas y verás en ellos un reflejo de ti mismo.

El trabajo principal es para nosotros como adultos, trabajar y sanar heridas para contar con la estabilidad necesaria para brindar a ellos lo mismo, es todo un reto pero siempre he creído que es posible. Arrastramos nuestra propia historia pero nuestros hijos no deberían ser víctimas de ella por el contrario debemos acudir a nuestra capacidad de resiliencia y crecer por ellos.

Todo lo bueno o malo que tenemos lo aprendimos en la infancia y lo mismo será con nuestros hijos, de nosotros depende edificar personalidades capaces de tomar buenas decisiones, de amar y respetar. En nuestras manos se encuentra su salud emocional, podemos hacer mucho AHORA. 

 

Author: Paola

Soy Paola Acuña, escribir acerca de mi maternidad se ha convertido en mi pasión. Me permite acercarme a otras madres y acompañarnos en este hermoso camino que sí bien no es fácil ha sido único. Soy madre de Alondra que actualmente tiene 21 meses de edad, ella ha logrado una transformación increíble en mi vida, ser su mamá es un privilegio pues de ella he aprendido mucho. Hemos crecido, llorado, jugado y aprendido juntas.

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